
De pronto, levanté la mirada y en medio de la opacidad, vi una niña de cabellos negros, lacia, sus ojos estaban llenos de una alegría exorbitante, de esas que a veces te sientes incapaz de experimentar, corría torpemente mientras su padre la seguía con los brazos extendidos, llenos de ternura y de un orgullo desmedido por su pequeña.
Me pregunté qué hacían a esa hora y los miré por un breve instante mientras me perdía en mis cavilaciones. El padre se encontró con mi mirada, le sonreí débilmente.
Recordé pues, inevitablemente a mi padre y no casualmente por haber recordado alguna situación similar con él sino por la cantidad de veces que me pregunté porque yo nunca pude llevar una relación así con él. Y sí, fueron muchas las veces que me sorprendí desprendiendo una lágrima al presenciar escenas semejantes: el día del padre, reuniones en el colegio, la ceremonia de graduación, en fin tantas ocasiones…
Sin embargo, no lo juzgo ni le reprocho. Su peculiar forma de ser o de querer, ya que él decía quererme aunque a su manera, fue muchas veces oportuna y me enseñó a ser independiente. Tampoco voy a negar que no me hiciera falta, tal vez un mimo o alguna muestra de cariño, pero cómo pedirle a alguien un poco de lo que no le dieron.
Mi papá es de las personas que muestran una fortaleza inextinguible, un hombre capaz de todo, el cual, si bien no siempre le fue bien está orgulloso de lo que hace. Proclama amar el trabajo y al igual que yo tiene la teoría de que al hacer lo que nos gusta vamos a ser felices así vivamos debajo de un puente con cinco perros roñosos y un colchón de paja.
No obstante, hoy he caído en la cuenta que aquel hombre que aparenta tal vigor también es un mortal, un persona común y corriente que esta inmune a cualquier adversidad, hoy he caído en la cuenta que puedo perderlo. Usualmente no suelo pasar por estas cosas pero hoy me lo he permitido, me he puesto a pensar en lo valioso que es tener a una persona con la que sabes que puedes contar, con la que si bien no estás siempre o no pasaste gran parte de tu tiempo sabes que está ahí y de alguna forma te ayudará.
Suelto una leve sonrisa, mientras me froto las mejillas empañadas de lágrimas, no es posible que mi padre, ese hombre tan frío, me haga sentir de esta manera y me transmita tanta confianza a pesar de su aparente indiferencia. Claro, es mi padre a pesar de todo.
